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Al que madruga, dios lo ayuda.

¿ Que se encubre detrás de esta frase tan utilizada por una generación y repetida hasta el hartazgo por las precedentes? Quizás un refrán más: Palabras que sirven en algún silencio para no dejar ese espacio vacío en la charla. El discurso de la ayuda divina es discutible desde todos los puntos de vista, sin entrar en temáticas espirituales, los seres humanos falibles estamos expectante de algo más. Algo que nos ampare cuando las papas queman, por eso, nos aferramos  a la idea de que cualquier milagro puede salvarnos. No me puedo imaginar que le hubiera pasado a Moisés, si el día pactado para la liberación del pueblo hebreo, las pilas de su despertador hubieran fallado. Quizás el cansancio del día anterior sumado al arduo trabajo de coordinar todo un pueblo, hubieran surtido efecto en su cuerpo, provocando que no se pudiese levantar antes del amanecer. Al no madrugar incumplió la regla socialmente establecida, por lo tanto, tiene que prescindir de la ayuda de dios. El curso de la h...

Matemáticas.

Quizás somos: suma de partes que se rompieron, y nunca pudieron arreglarse. Diferencia entre lo que éramos y las constantes transformaciones que nos ordena el presente. Producto entre lo que tenemos y lo que queremos ser. Cociente entre ser uno mismo y cambiar solo para agradarle a alguien (que no sabe ni cómo nos llamamos).

Mi pelo.

Me gusta mi pelo porque se puede atar —le dijo —. También me gusta que otros lo puedan acariciar, entro en estado de trance, y los conflictos adquieren el tamaño que merecen. Me gusta que se pueda cortar —le dijo mientras apoyaba la cabeza en su pecho—, a veces se daña mucho con la planchita, al cortarlo se cae todo lo que era pajoso y queda un pelo mucho más sano. Me gusta mojarlo — se reía y le hacía vibrar la caja torácica—, sobre todo cuando me agarra la lluvia  y no tengo paraguas. Camino y siento cómo se va humedecido de a poco el cráneo, la nuca y toda la espalda. A las chicas finas les da asco esa humedad, a mi me gusta sentir cuán fría está el agua. En las vacaciones me meto al mar, tanto tiempo como puedo, al salir se seca sólo con el sol. Si lo ves a contraluz, parece que su tono es rubio. Me gusta teñirlo —él prendió un cigarrillo y la habitación se llenó de humo— pero nunca me decido qué color me queda bien, creo que es porque soy indecisa. No todos los colore...

Caminar y sonreír

C aminar y sonreír. Eso era lo que tenía ganas de hacer. No porque todas le estuvieran saliendo bien, al contrario.Lo había acuñado como una forma de resistencia. De la misma forma en que el cerebro envía señales eléctricas al cuerpo, estos movimientos son involuntarios. Las zapatillas golpean el suelo con ritmo. Primero, el de su respiración. Después, el de sus auriculares. La sonrisa no era de placer, mucho menos de diversión. Si la tuviera que describir diría que era de ironía. Esa mirada con la que se toma las cosas en la vida. La que muchas veces utilizó de escudo para que las flechas no lo alcancen. Aunque hoy sienta que no tiene estandarte por el cual luchar, se siente entero; se burla de las cosas que no están saliendo como esperaba. La acidez que no cura un alikal, le permite reírse del pasado y de paso comprometerse con su presente.

Como matar un mosquito

M atar un mosquito es muy fácil. Todos pueden hacerlo, pero no todos saben como. La técnica es sencilla de aplicar: cuando el zumbido se acerque cada vez más, usted va a sentir un viento acorde a la contextura de este insecto. En ese momento, no desespere, intente crear un clima de confianza. Muestre que su sangre es fresca y deliciosa. Que su carne es una llanura apacible para pastar. El mosquito va a sentirse como en casa.Posara sus patas en su fofa carne e incara su afilado pinche, hasta sacar toda la sangre que pueda, hasta saciar su sed y si es posible reventar ahí mismo. Una vida puede pasar más rápido de lo que uno se imagina. 24 horas mucho más. Cuando el insecto esté totalmente extasiado con el primer sorbo de su inservible sangre, debe ir acercando su palma lo más extendida posible. Lento pero decidido. Sin que pueda presentir el golpe inminente, hasta descargar finalmente el cachetazo certero que dará fin a ese injusto festín del cual disfrutaba. El mosquito quedará pegado ...

Salud, delirio y amor.

S alud, dinero y amor. Con que poco se conforma el hombre. Sobre todo porque en los tres planos pueden surgir ciertas falencias, pero creemos que si tenemos este trinomio en equilibrio, todo marcha bien. Salud. Considero el más importante de estos. Es verdad que si nuestro cuerpo no anda como esperamos, las cosas se vuelven mucho más difíciles. No hablo de un resfrío, sino de deficiencias elementales, que hacen poner tristes a los que nos ven perecer como una hoja en otoño. Sin embargo, la mayoría de los que gozamos buena salud la malgastamos. Buscamos excusas para no hacer lo que nos gusta, postergamos muchas cosas que nos gustaría hacer y nos buscamos enfermedades como un pasatiempo. El ibuprofeno para el dolor corporal y valium para la conciencia tranquila. Ya está, puedo hacer lo que quiera. De todas formas, un farmacéutico está feliz. Dinero. Lo que todo el mundo quiere (y si es de arriba mucho mejor) hay algo elemental en este medio de cambio y es que permite acceder a  ...

-Pero hay algo que nunca podrá comprar: Un dinosaurio.

Como todas las tardes, voy al chino más cercano para comprar provisiones. Luego de recorrer las góndolas, con esa mirada perdida en los productos esenciales y la relación arbitraria con el precio, voy caminando decidido a pagar. Las cajas están llenas de mamás cansadas, y pendejos malcriados que piden a gritos todo lo que ven. Busco una caja más tranquila. Elijo conservar mi poca paciencia. Me ubico en la que tiene un límite de diez artículos. La fila está llena pero avanzamos rápido. La mayoría somos hombres solos y una pareja de padres jóvenes que pasan los productos de a uno, mirando fijo el visor de la caja. Visten de una manera muy sencilla. Pispeo lo que llevan y caigo en que sólo  alcanzaría para un día o dos, con mucha esperanza. Leche, pan, un paquete de arroz azúcar, yerba. Nada más. El nene que los acompaña, de unos 5 años, se abraza a la pierna de la madre mientras embolsa a...